Yagüe,
mi barrio claro, qué otra cosa va a ser, vuelve a tener Fiestas. Y todos hemos dicho:
Pues qué bien. Y es que Yagüe sin fiestas es como un niño sin abuelos, una tristeza,
vamos.
Los de Yagüe somos muy nuestros, valga la
expresión, que así nos entendemos todos. Antes teníamos mala fama en la ciudad y nos
dolía. Ahora también, pero ya ni nos duele ni nos importa, qué pasa
Y como somos
un poco echaos palante, pues cuando vamos al centro decimos que "bajamos a
Logroño", o sea, como condescendiendo.
Desde siempre, Yagüe ha tenido el corazón más bien a
la izquierda, lo cual que es lo natural, mireusté, pero a la vez siempre ha sido
respetuoso con las minorías, faltaría más.
En Yagüe, una hipótesis, la vida se articula -como en
la corte celestial- en estructuras trinitarias, a saber y por orden:
La vida visible y cotidiana del barrio, la de andar y
ocupar las calles, pertenece a los niños (que se hacen amigos y amigas
también de tres en tres
tal que el Raúl, el Carlos y el Bruno
, o la Lorena,
la María y la Lucía
), a los abuelos (qué gusto da verlos, cada
uno en su casa y Dios en la de todos) y, de poco tiempo a esta parte, a vecinos de
diversos colores, lenguas y procedencias, que aunque van a lo suyo como el resto
del personal, son como más de salir.
La vida comercial se asienta, a su vez, sobre un trípode
básico: la MariCarmen, la Farmacia y la Vitoria,
aunque ésta última un tanto escorada hacia "radio patio".
La vida "institucional" gira en torno a tres
ejes: la Asociación de Vecinos Fue-Cla-Ya (que como su mismo nombre
indica también es tripatita), el Hogar de la Tercera Edad y la
Parroquia, es decir, el Rafa, que es el cura de todos, grandes y
pequeños, creyentes y mediopensionistas.
Y, por último, la vida educativa se sustancia en torno a
dos tríos -ellas y ellos- tan eternos, al menos, como Los Panchos: las señoritas Reyes,
Teresa y Sole; y don
Pedro, don Santiago y don José
Luis. Si en Yagüe nos diera por hacer
monumentos, que no nos da, el primero sería el monumento al maestro, a qué sí
Y ya voy terminando, que ustedes tendrán que hacer.
Yagüe acaba de cumplir los cincuenta tacos, pero está
hecho un chaval. Será que el deporte ("aúpa Yagüe") nos ha mantenido en
forma.
Pero, mira por dónde, resulta que el año pasado el
Ayuntamiento se cargó nuestro airoso e invicto campo de fútbol (que con
el patio del colegio y la iglesia formaba el trío de
lugares de encuentro, total, que ahí nos falta una pata) y nos vendió promesas de humo
que aún no ha cumplido. Veremos en qué queda, que otra cosa no, pero memoria no nos
falta.
Y ya que hablamos de promesas, dicen que el alcalde de
ahora también ha prometido que en cuanto se estrene el Colegio Nuevo, convertirán el
Viejo Cole en un hermoso Centro Cívico, y el patio será, definitivamente, lo que nunca
dejó de ser: la gran plaza de Yagüe, el corazón del barrio. Hay malpensados que dicen
que no lo va a cumplir. Pues bueno, si no lo cumple, otro vendrá que lo cumpla, ¿no les
parece? Que los alcaldes pasan, pero Yagüe ahí sigue.
Y por muchos años.
Julio de 2005
