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Carnaval
Las fiestas de Carnaval
se celebran durante
los tres días que preceden al Miércoles
de Ceniza, principio de la Cuaresma
(los
cuarenta días anteriores a la Semana Santa). La Cuaresma es tradicionalmente un período
de abstinencia y, por oposición, el Carnaval significa un periodo de licencia durante el
que se suspenden temporalmente las reglas de la vida normal. La palabra Carnaval viene del
latín carnem levare, es decir, quitar la carne. Su antecedente
más claro en la antigüedad es el rito pagano de las fiestas Saturnales
de los romanos, en las que la sociedad se daba un respiro en la
aplicación de sus normas para dar lugar a la desinhibición y a
la locura colectiva.
El Carnaval es el mundo al revés, en el que
reina la negación de lo cotidiano, se suspenden los tabúes y las prohibiciones, y se
permiten todos los excesos. Los símbolos sexuales y eróticos se asocian con frecuencia a
las manifestaciones folclóricas que se celebran durante este periodo. Las fiestas de
Carnaval están relacionadas con el ciclo de las estaciones: celebran la primavera, el
renacimiento de la luz y el fin del invierno. Disfraces y máscaras son componentes
esenciales, así como el paseo de un monigote por las calles, seguido de su ejecución
ahogado, ahorcado o quemado. Este muñeco suele ser una figura humana (llamada "el
Carnaval") realizada con ropas viejas rellenas de paja, en la que se colocan a veces
petardos o fuegos artificiales.
En Italia, el Carnaval ha despertado siempre
un vivo interés; el de Venecia fue el más importante hasta el s. XIX. En América
latina, el Carnaval apareció en Salvador (Bahía) y Río de Janeiro en el s. XIX. Con
raíces en la tradición folclórica local, posteriormente tomó un aire europeo. La
música y los bailes son sus elementos esenciales. El Carnaval de Río ha conciliado las
tradiciones típicas aún vivas con la suntuosidad artificial de los espectáculos
destinados a atraer el turismo.
En España se prohibieron las máscaras en
diversas ocasiones: Carlos V en 1523, Felipe V en 1716-1717 y 1745, Carlos IV en 1797,
etc. A comienzos del s. XVIII, se introdujeron desde Francia los bailes de máscaras. El
momento de apogeo de los bailes de máscaras en España fue precisamente el s. XIX.
Tampoco durante el período de la dictadura, en el siglo XX, fue bien visto el Carnaval
por las autoridades. En algunas partes no se celebró durante muchos años y en otras
cambió su nombre por el de Fiestas de invierno para no entrar en conflicto
con la Iglesia, que lo consideraba una fiesta poco cristiana.
El final del Carnaval es una celebración al
mismo tiempo triste y festiva, en la que se lamenta el fin de la fiesta sin salir de la
sátira. En España se acaba el Carnaval con un entierro, pero no de una persona, sino de
una sardina. Ese día todos los disfraces son negros y con muchas lágrimas se pasea a la
sardina por la calle y así se despide al Carnaval.
En Yagüe celebramos el Carnaval con un
desfile amenizado por una charanga, invitando a los vecinos a participar en la fiesta. Al
final de la misma, obsequiamos con chocolate a los niños (y a los no tan niños...)
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de los carnavales
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